BIOGRAFÍA DE

JOAN FUSTER I ORTELLS

Joan Fuster es el intelectual más importante que ha dado nuestro país en muchas décadas. Nacido en Sueca, donde vivió siempre y desde donde se difundieron su obra y su pensamiento, el escritor surgió de un ambiente rural y modesto, como hijo de un tallista de imágenes religiosas, que, además, era maestro de dibujo y jefe comarcal del carlismo.

En su pueblo, Fuster se formó primero en el parvulario del Asilo de la Encarnación, después en el Centro Escolar y, hasta 1942, hizo el bachillerato en el Colegio Politécnico, donde su padre ejercía la docencia. Fuster pronto manifestó interés por los libros y la lectura, la historia local, la lengua y la cultura de los valencianos, aficiones que, a pesar de vivir en tiempos nada propicios, pudo desarrollar con la inestimable ayuda inicial de su condiscípulo Fermí Cortés, cuya amistad duró siempre, y de José Albi.

La estancia en Valencia (1942-1947), para cursar los estudios de Derecho, lo pondría en contacto con un ambiente favorable para sus inquietudes culturales, como por ejemplo algunas tertulias, el cine, los conciertos o las librerías, sobre todo de viejo. A los veinticinco años, acabada la carrera, la biblioteca particular de Fuster ya reunía más de mil volúmenes; había publicado artículos y poemas en el Almanaque de Las Provincias y la revista suecana Víspera, entre otros; codirigía con Albi la revista Verbo, Cuadernos Literarios, donde también se encargaba de hacer traducciones, dibujos, crítica literaria, etc., y había establecido vínculos, que serían determinantes, con figuras del mundo literario valenciano, como por ejemplo Carles Salvador –de Lo Rat Penat–, y Xavier Casp y Miquel Adlert – responsables de la Editorial Torre.

Al finalizar la carrera, empezó a trabajar en Valencia en una empresa exportadora de cítricos y abrió un bufete en Sueca, pero sin la necesaria vocación para dedicarse de lleno. Eran tiempos en los que solo vivía para la literatura, especialmente la creación poética, y los artículos sobre política, cuestiones nacionales o crítica literaria. Con respecto a la poesía, publicó su primer libro de poemas, Sobre Narcís, el año 1948, en la Editorial Torre. Siguieron Tres poemes (1949), Ales o mans (1949), Va morir tan bella (1951), Terra en la boca (1953) y Escrit per al silenci (1954). Colaboró con escritos periodísticos en las publicaciones periódicas Nostra Revista y Pont Blau, que algunos intelectuales catalanes editaban en el exilio mexicano. Además, los diarios de Valencia Levante, el 1954, y Jornada, el 1957, lo incluyeron entre sus articulistas habituales, básicamente sobre cuestiones culturales. Como sus ingresos económicos eran exiguos, intentaba complementarlos con las dotaciones de concursos literarios y con encargos, como los que empezó a recibir de las editoriales Barcino, Moll o Selecta.

Si la vida cultural suecana nunca le fue ajena, mucho menos lo fue en los años de juventud, cuando, siempre activo, formó parte de la organización de los Juegos Florales que se celebraron en 1944 y en 1952; colaboró en el Boletín-circular de la Asociación de Jóvenes de Acción Católica, que coordinaba Fermí Cortés; y, con motivo de las fiestas de la Coronación de la Virgen María de Sales el 1952, tradujo del francés la obra teatral de Paul Claudel (L’Annonce faite à Marie), La Bona Nova a Maria, que fue dirigida por Francesc de P. Burguera y representada por su grupo de amigos.

Abandonada definitivamente la poesía, recogida mucho después en Set llibres de versos (1987), empezó una nueva etapa creativa, en la cual alternó los estudios sobre historia cultural y lingüística del País y los ensayos de contenido humanístico. Entre los primeros, encontramos artículos en la Revista Valenciana de Filología, sobre autores clásicos valencianos de la Edad Media, y las monografías La poesia catalana fins a la Renaixença (1954), Pàgines escollides de Sant Vicent Ferrer (1955), La poesia catalana (1956) y El món literari de sor Isabel de Villena (1957). También editó una Antologia de la poesia valenciana (1956) y otra de Ausiàs March (1959), así como un Recull de contes valencians (1958) y una selección para la lectura: Un món per a infants (1959).

El género ensayístico fue el eje central y quizás más duradero de su extensa producción bibliográfica, donde se manifiesta un Fuster lúcido, crítico, irónico, escéptico y siempre brillante, en la línea de los más destacados pensadores europeos. De esta primera etapa son El descrèdit de la realitat (1956), Les originalitats (1956), Figures de temps (1957, Premio Josep Yxart) y Juidicis finals (1960).

Con el prestigio en ascenso, gracias a la ya extensa bibliografía, los premios literarios, las conferencias, las colaboraciones periodísticas, la asistencia a tertulias, etc., el año 1962 supuso para Fuster una fecha decisiva con la aparición de Nosaltres els valencians, El País Valenciano, Poetes, moriscos i capellans y Qüestió de noms. El primero, es su libro más reeditado. El segundo, fue la excusa para una fuerte campaña contraria en los diarios de Valencia –donde su colaboración quedó desde entonces excluida. Todo ello, le concitó firmes adhesiones y también enemistades de larga duración e incluso dos atentados (1978 y 1981).

A partir de aquel momento, intensificó las colaboraciones en diarios barceloneses –El Correo Catalán, Tele/eXprés, y La Vanguardia– y madrileños –Informaciones–, y en revistas, como por ejemplo Serra d’Or. También en los años sesenta, tradujo cinco libros de Albert Camus, uno de Johan Falkberget y otro de Ignazio Silone, algunos con la ayuda de Josep Palàcios.

Igualmente en aquella década de 1960 e inicios de la siguiente, aparecerán otros títulos fundamentales, como los estudios de historia cultural El bandolerisme català: la llegenda (1963), Heretgies, revoltes i sermons (1968) y Literatura catalana contemporània (1972); y los ensayos Diccionari per a ociosos (1964), Causar-se d’esperar (1965), L’home, mesura de totes les coses (1967), Consells, proverbis i insolències (1968), Examen de consciència (1968), Babels i babilònies (1972) Contra Unamuno y los demás (1975). Sin olvidar los cuatro primeros tomos de las Obres completes (1968, 1969, 1971 y 1975).

Igualmente importantes fueron los estudios La Decadència en el País Valencià (1976), Llibres i probelemes del Renaixement (1989) y, en el ámbito del ensayo de pensamiento y reflexión, Sagitari (1984).

Desde el punto de vista de la intervención pública, con la nueva perspectiva creada por la desaparición de Francisco Franco (1975), el escritor pudo hacer más explícito su compromiso con la reinstauración de la democracia y la recuperación de los derechos nacionales del pueblo valenciano: participaba con propuestas, aportaba ideas, acudía allá donde lo reclamaban, recibía en su casa de la calle de Sant Josep visitas de toda condición sociopolítica y cultural, publicaba títulos como Un país sense política (1976), El blau de la senyera (1977), Destinat (sobretot) a valencians (1979), Ara o mai (1981), País Valencià, per què? (1982), Pamflets polítics (1985) o Punts de meditació (Dubtes de la “Transición”) (1985). Pero las circunstancias de la Transición provocaron pronto en él una posición de rechazo, porque consideraba que los cambios eran incompletos. Finalmente, decidió retirarse de la vida pública, con la intención de dedicarse en exclusiva a la actividad académica, dejando atrás las colaboraciones en la prensa, en aquella época, sobre todo en los semanarios Por Favor, Jano, Qué y Dónde, El Món o El Temps o Serra d’Or.

La relación de Fuster con el mundo académico fue especialmente intensa en los últimos años de su vida. Fue profesor y catedrático de la Universitdad de Valencia y doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona y por la Universidad de Barcelona.

Fue miembro del Instituto de Estudios Catalanes, del Consejo Valenciano de Cultura y de la Institución Valenciana de Estudios y Investigaciones y dirigió el Instituto de Filología Valenciana.

Entre los numerosos premios ganados por Fuster, cabe destacar: el de los Juegos Florales de la Lengua Catalana, celebrados en el exilio (1950); el Premio de Honor de las Letras Catalanas (1975) y el Premio de las Letras Valencianas. El 1972, se creó el premio de ensayo que lleva su nombre. El 1983 recibió la Medalla de Or de la Generalidad de Cataluña; un año después, el Ayuntamiento de Sueca lo nombró Hijo Predilecto.

Cuando murió en 1992, Fuster legó al pueblo de Sueca su biblioteca de unos veinticinco mil títulos, su hemeroteca, su archivo personal y el archivo de su padre, además de un extenso archivo fotográfico y de una colección de arte con casi doscientas piezas.

J. Antoni Carrasquer Artal y Francesc Pérez Moragón